Publicado:
27 de enero 2017 9:17 AM PST
©Imelda
Maurer, cdp
El
envejecimiento es una experiencia universal. Por esa razón cualquier persona y
todo el mundo pueden hablar del tema, pueden hablar de sus experiencias. Hay un
margen de error intrínseco e información falsa, sin embargo, cuando el
orador/el escritor está en un espacio público, es experto en otros campos (por
ejemplo, la teología o la espiritualidad) y le habla a su audiencia con
autoridad sobre el tema del envejecimiento.
Ha
sido mi observación que estos oradores/escritores interpretan las experiencias
sobre el envejecimiento a través de los prejuicios de la cultura popular más
que en las teorías honorables y
aceptables y los datos basados en las investigaciones gerontológicas sobre el
envejecimiento. El resultado es el enfoque demasiado conocido y unidimensional
sobre el envejecimiento de ser una pérdida y una disminución. Es la perspectiva
que satura a nuestra cultura popular. Este enfoque es a menudo
“espiritualizado” cuando se enseña que la espiritualidad de envejecimiento está
limitada a la obra de “despedirse”.
Este
tema merece mucha más atención detallada y amplia que una entrada corta de blog.
A pesar de esto, aquí hago dos puntos abreviados.
En
primer lugar: Nosotras, los seres humanos, sufrimos pérdidas a través de toda
la vida. Es parte del cambio. Antes de que algo nuevo pueda suceder, algo viejo
tiene que terminar. Antes de que entraran los dientes permanentes, tuvimos que
perder los dientes de leche. En este cambio (lea el crecimiento), siempre ocurre pérdida y ganancia simultánea.
Esto es cierto multidimensional, física, emocional, cognitiva y socialmente. No
pasamos por este cambio la primera vez cuando nos jubilamos del ministerio, esa
época que a menudo se refiere en literatura religiosa como el tiempo de
transición. Cada cambio en una transición. El cambio ocurre a través del ciclo
de vida. Quizás el cambio más profundo en la experiencia humana por el cual
nosotras pasamos es el abandonar el calor e intimidad del vientre de nuestras
madres donde el latido del corazón y las voces se oyen y se sienten en un
ambiente cálido y seguro. Las consecuencias de no pasar por esa pérdida no
necesitan explicación. Pérdida y ganancia – simultáneamente en cualquier cambio
y presente a través de la vida.
En
segundo lugar: Hay la posibilidad de crecimiento y desarrollo a través de
nuestras vidas – hasta nuestro último respiro. La cultura popular nos dice que
cuando nos llenamos de canas, cuando el colágeno disminuye y las arrugas
aparecen, que todo esto significa disminución. Somos más que cuerpos humanos y
en la presencia de cambios físicos, también hay cambios experienciales,
cognitivos y emocionales los cuales NO
son pérdidas.
Si
esto te estimula el apetito para aprender más, lee el libro, “La mente madura: la
fuerza positiva del cerebro que envejece” escrito por Gene Cohen, M.D., Ph. D.
Aquí tienes unas notas informativas de Amazon.com sobre este libro autoritativo
y asombroso.
“La mente madura” entrega
buenas noticias para esas personas en la segunda mitad de la vida, con un
informe extraordinario de una investigación avanzada de la neurociencia,
psicología innovadora, viñetas fascinantes de historiales y casos de estudio, y
consejos prácticos para estrategias de crecimiento personal. Gene Cohen, un
psiquiatra y gerontólogo reconocido, acumula más de 30 años de investigaciones
para mostrar que los cambios positivos y sorprendentes en nuestros cerebros tienen
la potencial poderosa de mejorar, y no disminuir, nuestras vidas después de los
cincuenta años.
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