Wednesday, March 29, 2017

Nuestro legado de preparación para el ministerio

Publicado: 29 de junio 2016 AM PDT
© Imelda Maurer, cdp

La Hermana, Jane Behlmann, CSJ, es la archivista aquí en la residencia provincial de St. Louis.  A menudo publica información sobre la historia de sus Hermanas.  En las entradas del historial, la Hermana Jane generalmente incluye fotografías las cuales se relacionan con las personas o de lo que ella escribe.
La publicación de ayer incluyó la siguiente cita que se extrajo del Anuario CSJ del año 1936, un informe anual sobre los acontecimientos que sucedieron el año anterior dentro de la provincia:

“Las clases regulares para las Hermanas en las misiones de St. Louis tomaban lugar en la Residencia Provincial (Nuestra Señora del Buen Consejo, Avenida Cass) todos los sábados durante el año escolar.  La sesión de verano, la cual siempre toma lugar en la Universidad Fontbonne, se inició el 28 de junio y continuó hasta el 3 de agosto. Cada día autobuses fletados llevaban a y traían de Fontbonne a 52  Hermanas. Solamente el amor a la obediencia y  la devoción y el celo religioso por las almas que tenían las Hermanas habrían podido soportar la rutina diaria de labor en la adquisición de conocimiento espiritual, cultural e intelectual, los cuales se utilizarían después para promover los intereses del Señor y la Comunidad.”

He aquí en la siguiente fotografía de las Hermanas (de diferentes Congregaciones religiosas) asistiendo a las clases durante el verano de 1946.  Tales realidades de multitudes de Hermanas  pasando sus veranos avanzando su educación no era raro verse en cuanto se apoderó la Conferencia de Formación de las Hermanas.
            

Este aspecto de nuestra historia como mujeres religiosas en los Estados Unidos es claro: hubo un esfuerzo deliberado desde nuestros inicios de mandar a las Hermanas a estudiar – de adquirir el conocimiento necesario, “espiritual, cultural e intelectual” para eficazmente “promover los intereses del Señor y la Comunidad.”
Este reto hoy en día necesita ser convincente en el fondo de nuestras almas que el ministerio de servicio a nuestras ancianas es como cualquier y toda Obra de Misericordia – otra definición del ministerio apostólico – que ha caracterizado todo nuestro ministerio a otros.

Cuando esa creencia llegue a ser parte de nuestra conciencia colectiva, también podremos ver y actuar sobre sus implicaciones, sola una siendo la de continuar nuestro legado de una preparación espiritual, profesional, capaz y adecuada para el ministerio hacia las nuestras.





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