Publicado: 29 de
junio 2016 AM PDT
©
Imelda Maurer, cdp
La Hermana, Jane
Behlmann, CSJ, es la archivista aquí en la residencia provincial de St.
Louis. A menudo publica información
sobre la historia de sus Hermanas. En
las entradas del historial, la Hermana Jane generalmente incluye fotografías las
cuales se relacionan con las personas o de lo que ella escribe.
La publicación de
ayer incluyó la siguiente cita que se extrajo del Anuario CSJ del año 1936, un informe
anual sobre los acontecimientos que sucedieron el año anterior dentro de la
provincia:
“Las clases regulares para las Hermanas en las
misiones de St. Louis tomaban lugar en la Residencia Provincial (Nuestra Señora
del Buen Consejo, Avenida Cass) todos los sábados durante el año escolar. La sesión de verano, la cual siempre toma
lugar en la Universidad Fontbonne, se inició el 28 de junio y continuó hasta el
3 de agosto. Cada día autobuses fletados llevaban a y traían de Fontbonne a
52 Hermanas. Solamente el amor a la
obediencia y la devoción y el celo
religioso por las almas que tenían las Hermanas habrían podido soportar la
rutina diaria de labor en la adquisición de conocimiento espiritual, cultural e
intelectual, los cuales se utilizarían después para promover los intereses del
Señor y la Comunidad.”
He aquí en la
siguiente fotografía de las Hermanas (de diferentes Congregaciones religiosas)
asistiendo a las clases durante el verano de 1946. Tales realidades de multitudes de
Hermanas pasando sus veranos avanzando
su educación no era raro verse en cuanto se apoderó la Conferencia de Formación
de las Hermanas.

Este aspecto de nuestra historia como mujeres religiosas en los Estados Unidos es claro: hubo un esfuerzo deliberado desde nuestros inicios de mandar a las Hermanas a estudiar – de adquirir el conocimiento necesario, “espiritual, cultural e intelectual” para eficazmente “promover los intereses del Señor y la Comunidad.”
Este reto hoy en día
necesita ser convincente en el fondo de nuestras almas que el ministerio de
servicio a nuestras ancianas es como
cualquier y toda Obra de Misericordia – otra definición del ministerio
apostólico – que ha caracterizado todo nuestro ministerio a otros.
Cuando esa creencia
llegue a ser parte de nuestra conciencia colectiva, también podremos ver y
actuar sobre sus implicaciones, sola una siendo la de continuar nuestro legado
de una preparación espiritual, profesional, capaz y adecuada para el ministerio
hacia las nuestras.
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