Wednesday, June 7, 2017

Cantar la música que se encuentra en el corazón de Dios

Publicado: 19 de agosto 2015
©Imelda Maurer, cdp    ilmcdp@yahoo.com

The Pioneer Network, en su página en Facebook, publicó esta mañana un artículo de la publicación en línea de McKnight. El artículo se titula “La espiritualidad durante los cuidados de larga duración” escrito por Eleanor Feldman Barbera, Ph.D.  Pioneer Network solicitó si había algunos comentarios. ¡Ah, sí, yo tengo un comentario!

La Dra. El, tal como esta psicóloga se refiere a sí misma, adquirió lo siguiente del libro de Kushner, “Cuando cosas malas le pasan a gente buena” el mensaje que la pregunta de los eventos negativos en nuestra vida no debe ser “¿Por qué a mí?” sino “¿Por qué no a mí?” La Dra. El utiliza esta percepción para “ayudar a las personas aceptar sus experiencias.” “Aceptar” -----mmm----- ¿Eso significa que tengo que aceptar mi situación sin tener expectativas positivas? He visto esta actitud de ‘aceptar’ abordada por sacerdotes y otros ministros que les aconsejan a los ancianos en los centros de cuidado para las personas mayores que practiquen paciencia cuando tienen que esperar indefinidamente que se conteste el timbre para llamar a las enfermeras. Me pregunto si ese ministro, antes de salir del edificio, aborda el problema de no contestarse de inmediato los timbres para llamar a las enfermeras. O es el mensaje que implicaba implícitamente, tal como nosotras que seguimos nuestra tradición católica oíamos a menudo hace años: Solamente “ofrecérselo al Señor.”  

Otro “aspecto espiritual de los cuidados médicos de larga duración” según la Dra. El es “la necesidad de hacer frente a las reglas y los reglamentos de un ambiente institucional.” La tarea, ella dice, es de “permanecer serena frente a estos retos.” Otro ejemplo de ‘solamente ofrecérselo al Señor.’ La pregunta previa, sin embargo, que debe hacerse: ¿POR QUÉ se les exige vivir a los ancianos en un ambiente institucional?

Hace muchos años obtuve conocimiento sobre este mensaje de “ofrecérselo al “Señor.” Oí decir de la boca de un ferviente sacerdote jesuita en Nuevo Orleans que como religiosas con voto de Pobreza, deberíamos vivir como gente pobre. Eso incluiría, dijo, utilizar los servicios del Hospital de la Caridad cuando se requirieran los servicios médicos, igual que se les exige por necesidad a la gente pobre. Tomé en serio las palabras, y cuando al poco tiempo un pequeño incidente solicitó la necesidad de cuidado de emergencia, fui a la sala de emergencias del Hospital de la Caridad en Lafayette. Era un sábado por la tarde. Me acuerdo de que el único detalle que vi fue el gran número de personas entrando con todo tipo de emergencias. Me acuerdo tener que esperar largas horas en la sala grande de espera llena de familias pobres y sobreexcitadas. Salí del Hospital de la Caridad con un nuevo conocimiento: mi papel no es de soportar los servicios del Hospital de la Caridad, sino de trabajar para cambiar el sistema para que nadie tenga que soportar esas condiciones. Debo trabajar para que se presenten las condiciones que honren mi dignidad y mis derechos y los de toda persona.  Después de todo, esto es lo que Dios quiere para cada una de nosotras. Dichas situaciones reflejan el reino de Dios entre nosotras. Ése el objetivo por el que trabajamos, la presencia y las experiencias vividas de todo lo que Dios quiere para cada una de nosotras.

La Hermana Carol Zinn, en su Discurso Presidencial en la Conferencia de Liderazgo de Religiosas en 2014 habló precisamente de estos temas y condiciones al utilizar una metáfora conmovedora: el deseo de Dios para todos es que todo lo que es bueno sea tal como la música que vive en el corazón de Dios. Carol mencionó muchos de los ‘lamentos’ en el mundo de hoy: guerra, pobreza, hambre, persecución. Y repetidamente preguntaba: “¿Estamos firmes entre los lamentos al cantar la música que reside en el corazón de Dios?”

Los lamentos que padecen las personas de la tercera edad que viven en instituciones son tan claros: la tarea y el programa toman prioridad sobre la convivencia centrada en personas; el aburrimiento resultante, la depresión, el retraimiento y la pérdida de lo propio. Muchas de estas pérdidas se deben a los efectos por razones de edad a través de nuestra sociedad. La discriminación de edad que es profundamente enraizada y tan dominante que nosotras --- aún muchas de nosotras estamos dedicadas a los servicios para personas mayores ---  nos rendimos ante las consecuencias letales a nuestras personas mayores y a nuestro personal. Usamos vendas tan cerca de los ojos que no podemos imaginar que podría haber otra manera de servir a nuestros mayores de la tercera edad.

Nuestra labor no es de decirles a nuestro personal y a nuestras personas mayores, en efecto, que “se lo ofrezcan al Señor.” Nos vemos impulsadas a cambiar el sistema, y así sucesivamente traer el Reino de Dios entre nosotras. La Hermana Carol Zinn lo manifestó bellamente, estamos llamadas a estar firmes en estos lamentos y cantar la música que se encuentra en el corazón de Dios.

¡Cantemos! ¡Con una voz insistente, determinada y fuerte, con corazones audaces y misericordiosos!


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