The Pioneer Network, en su página en Facebook, publicó esta mañana un
artículo de la publicación en línea de McKnight. El artículo se titula “La
espiritualidad durante los cuidados de larga duración” escrito por Eleanor
Feldman Barbera, Ph.D. Pioneer Network
solicitó si había algunos comentarios. ¡Ah, sí, yo tengo un comentario!
La Dra. El, tal como esta psicóloga se refiere a sí misma, adquirió lo
siguiente del libro de Kushner, “Cuando cosas malas le pasan a gente buena” el
mensaje que la pregunta de los eventos negativos en nuestra vida no debe ser
“¿Por qué a mí?” sino “¿Por qué no a mí?” La Dra. El utiliza esta percepción para
“ayudar a las personas aceptar sus experiencias.” “Aceptar” -----mmm----- ¿Eso
significa que tengo que aceptar mi situación sin tener expectativas positivas?
He visto esta actitud de ‘aceptar’ abordada por sacerdotes y otros ministros
que les aconsejan a los ancianos en los centros de cuidado para las personas
mayores que practiquen paciencia cuando tienen que esperar indefinidamente que
se conteste el timbre para llamar a las enfermeras. Me pregunto si ese
ministro, antes de salir del edificio, aborda el problema de no contestarse de
inmediato los timbres para llamar a las enfermeras. O es el mensaje que
implicaba implícitamente, tal como nosotras que seguimos nuestra tradición
católica oíamos a menudo hace años: Solamente “ofrecérselo al Señor.”
Otro “aspecto espiritual de los cuidados médicos de larga duración” según
la Dra. El es “la necesidad de hacer frente a las reglas y los reglamentos de
un ambiente institucional.” La tarea, ella dice, es de “permanecer serena
frente a estos retos.” Otro ejemplo de ‘solamente ofrecérselo al Señor.’ La
pregunta previa, sin embargo, que debe hacerse: ¿POR QUÉ se les exige vivir a los ancianos en un ambiente institucional?
Hace muchos años obtuve conocimiento sobre este mensaje de “ofrecérselo
al “Señor.” Oí decir de la boca de un ferviente sacerdote jesuita en Nuevo
Orleans que como religiosas con voto de Pobreza, deberíamos vivir como gente
pobre. Eso incluiría, dijo, utilizar los servicios del Hospital de la Caridad
cuando se requirieran los servicios médicos, igual que se les exige por
necesidad a la gente pobre. Tomé en serio las palabras, y cuando al poco tiempo
un pequeño incidente solicitó la necesidad de cuidado de emergencia, fui a la
sala de emergencias del Hospital de la Caridad en Lafayette. Era un sábado por
la tarde. Me acuerdo de que el único detalle que vi fue el gran número de
personas entrando con todo tipo de emergencias. Me acuerdo tener que esperar
largas horas en la sala grande de espera llena de familias pobres y
sobreexcitadas. Salí del Hospital de la Caridad con un nuevo conocimiento: mi
papel no es de soportar los servicios del Hospital de la Caridad, sino de
trabajar para cambiar el sistema para que nadie
tenga que soportar esas condiciones. Debo trabajar para que se presenten las
condiciones que honren mi dignidad y mis derechos y los de toda persona. Después de todo, esto es lo que Dios quiere
para cada una de nosotras. Dichas situaciones reflejan el reino de Dios entre
nosotras. Ése el objetivo por el que trabajamos, la presencia y las experiencias
vividas de todo lo que Dios quiere para cada una de nosotras.
La Hermana Carol Zinn, en su Discurso Presidencial en la Conferencia de
Liderazgo de Religiosas en 2014 habló precisamente de estos temas y condiciones
al utilizar una metáfora conmovedora: el deseo de Dios para todos es que todo
lo que es bueno sea tal como la música que vive en el corazón de Dios. Carol
mencionó muchos de los ‘lamentos’ en el mundo de hoy: guerra, pobreza, hambre, persecución.
Y repetidamente preguntaba: “¿Estamos firmes entre los lamentos al cantar la
música que reside en el corazón de Dios?”
Los lamentos que padecen las personas de la tercera edad que viven en
instituciones son tan claros: la tarea y el programa toman prioridad sobre la convivencia
centrada en personas; el aburrimiento resultante, la depresión, el retraimiento
y la pérdida de lo propio. Muchas de estas pérdidas se deben a los efectos por
razones de edad a través de nuestra sociedad. La discriminación de edad que es
profundamente enraizada y tan dominante que nosotras --- aún muchas de nosotras
estamos dedicadas a los servicios para personas mayores --- nos rendimos ante las consecuencias letales a
nuestras personas mayores y a nuestro personal. Usamos vendas tan cerca de los
ojos que no podemos imaginar que podría haber otra manera de servir a nuestros mayores
de la tercera edad.
Nuestra labor no es de decirles a nuestro personal y a nuestras personas mayores,
en efecto, que “se lo ofrezcan al Señor.” Nos vemos impulsadas a cambiar el
sistema, y así sucesivamente traer el Reino de Dios entre nosotras. La Hermana
Carol Zinn lo manifestó bellamente, estamos llamadas a estar firmes en estos
lamentos y cantar la música que se encuentra en el corazón de Dios.
¡Cantemos! ¡Con una voz insistente, determinada y fuerte, con corazones
audaces y misericordiosos!
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